Ahora ya existe la perfección en el territorio del Audio Doméstico, se llama YBA/Wilson Benesch.

El mundo del audio de gama alta jamás estuvo tan surtido, sin embargo cada vez que asisto a un Salón de audio, vuelvo saturado del exceso de tecnología y la dificultad para descubrir la capacidad o incapacidad de los componentes, de transcribir ese mundo, para mí fundamental, de sutilezas. Las demostraciones no son en general valientes, el programa musical es muy audiófilo y sin riesgo.

En alta fidelidad la tendencia menos arriesgada, de componentes con una tímbrica más acolchada, es casi la tendencia general. En el otro extremo, los que dejan que sea la interpretación pura la que sumerja al oyente en la intención del autor, interprete, a veces serena y romántica y otras transgresora, de expresividad explosiva. La intención del autor de una obra y su potencia emocional, bajo mi punto de vista, se altera notablemente por la intervención, en más o menos grado, de la electrónica. Esto se hace más patente cuando la obra es más compleja, por sus timbres (cuerda, metales, maderas…); por su densidad, líneas melódicas superpuestas, como la enorme cantidad de secciones de una gran orquesta, cientos de solistas al unísono; por su delicadeza, armónicos, acentos, disonancias…; por su dinámica, una obra que pasa de la serenidad que gradualmente se transforma en una explosión de acontecimientos sonoros.

Una nueva etapa con Wilson Benesch acompañado de YBA, la reproducción de la música en el entorno doméstico alcanza cotas del más alto nivel, siempre desde mi subjetividad y respeto, contando con el enorme potencial en los aspectos más delicados antes mencionados.